Silencio. Otra vez. El mismo profundo silencio que se produjo tras el disparo. A partir de ahí todo ocurrió tan deprisa que me sigue pareciendo irreal.
El tráfico, las luces, la gente y, de repente, oscuridad. La oscuridad se abalanzaba sobre mi como un depredador sobre su presa. Intensa y eterna.
Lo siguiente que recuerdo es su cara, la sonrisa más perfecta del mundo y unos ojos llenos de brillo a causa de las lágrimas. Todavía no sé si esas lágrimas eran de emoción porque había despertado, o de tristeza porque ella también sabía que se acercaba el final.
Victoria, mi mejor amiga, había estado conmigo en el hospital los dos últimos días, aferrándose a la esperanza de que despertaría del coma y todo volvería a ser como antes.
Cuando abrí los ojos me miró directamente a ellos, con una mirada de infinita dulzura. "Todo va a salir bien". Me susurró al oido.
Pude ver a mis padres sentados al otro lado de la sala mientras dormían.
Mi hermana entró por la puerta con un café que casi se le cae al suelo al ver que estaba despierto. Apenas me di cuenta de que era ella cuando se lanzó a darme un abrazo y repetirme una y otra vez: "te quiero, te quiero, te quiero...".
Estaba preciosa, como siempre. Llevaba sus shorts vaqueros y s camiseta de Hello Kitty. Se había hecho una coleta alta que dejaba al descubierto su cara, con sus mejillas rosadas y sus ojos negros.
Vicky había despertado a mis padres, que se acercaron para ver cómo estaba. Mi madre también estaba llorando y mi padre me dijo lo cabrón que era porque les había dado un susto de muerte.
¡Joder! Estoy seguro de que si hubiese podido mover algún músculo, habría sonreido.
Salieron para avisar a la enfermera, y Vicy se acercó a mi. Quería decirle tantas cosas... Pero mis labios solo consiguieron articular mi último deseo mientras iba cediendo al peso de mis párpados.
- Cuéntales quién soy.
